Medicina propia
Si todo esto no fue
cierto, que me encierren con cadenas.
Este mundo de desconciertos, no se merece mi conciencia. Yo revelo los misterios que mi corazón
acecha. Coordinando los criterios
almacenados de experiencia. Cruzo límites, expandiendo los ideales de la
tierra. Pongo firmes los
presentimientos, medicina inocua de la ciencia.
Y seremos invencibles a
enfermedades insertas, iluminando con las mentes nuestras zonas muertas. Será factible si revierten las sanidades
pretendas. Lograremos, felizmente, sanar
el cuerpo, si lo desean. Creo,
plenamente, en lo concreto. Está en
nosotros la potencia. Focalizando por
completo, el lugar preciso que nos afecta.
Ya no habrá
medicamentos. La ciencia, así, se
desespera. Al no depender de sus
esfuerzos, deberán cambiar de carrera.
Rugirán por descontento, aquellos que con dignidad, nos aconsejan. Pero lo cierto es, que a lo lejos, ya no hará
falta su destreza. Es por el bien de los
nuestros, de la galaxia entera. Recibir
el don con acierto, sanará nuestra conciencia.
La luz la llevaremos dentro y los milagros, lo reflejan. A algunos, que ya consideraban muertos, se
han levantado con proeza. No debes tener
miedo, es el peor veneno del planeta.
Debes confiar en tu centro, que es la pócima curandera. La energía de la luz, penetra por la
cabeza. Se desliza por tu cruz,
eliminando impurezas. Si no encuentras
ese sol, con tus manos te conectas.
Acaricias el ataúd de las desgracias internas. Abrirás tus sentidos, espacios dormidos por la
pereza. Sentirás el fluido, corriente
fresca que penetra. Deja libre tu mente
y concéntrate en lo que te aqueja.
Aliviana tu vientre para incorporar fortaleza. Es así, que el inconsciente, libera daños y
crea, una protección permanente a las durezas externas. Si otros han podido, debemos ponernos en
vereda. Aplicar lo aprendido y sanar con
la materia.