Latidos austeros
Tras las copas de coñac,
sigue vivo el corazón, que no deja de luchar por su antiguo y primer amor.
Su experiencia es de
admirar, sus manos dieron sanación. Está
a punto de libar la dulzura de la pasión.
Su mirada es ancestral,
dice mucho su expresión y la charla musical, abarcó con conmoción.
Es difícil de olvidar,
tanta savia en su interior. No aparenta
tal edad, sus 80`s aplaudió.
Convertido en un galán,
puso esmero por amor. Invitó a su dama
al altar, conquistando, otra vez, su corazón.
Fuerte e íntima
conversación con su hijo pronunció, declarando eternidad por la chica que
adoró. Abrazos primeros de fraternidad,
hicieron al hijo temblar. Prometieron
continuar con esta inmensa amistad.
Lágrimas color ámbar se
desprendían de la luz, trasluciendo la hazaña de su padre al dejar la
cruz. Emociones compartidas con
dignidad. Esperanzas demoledoras de
desamores, que incitaban a la soledad.
Los escalofríos tumbaron
al padre por tanta felicidad. Hoy su
hijo lo acompaña, su corazón le ha de fallar.
Sumas y restas en
ocasiones, a su edad no es singular. Un
conjunto de ilusiones que el alma pide organizar.
Doy mi luz, doy mis
garras, por su padre y su manada. La
energía entrelazada, lo salvará de su internada.
Tiene derecho a vivir su amor. Tiene derecho a cambiar su sol.
Aguanta el cuerpo con la
razón, controlando el corazón.
Esparcirás las emociones, liberando las tensiones. Medita en paz, querido “Don”, recicla el
viento que sopló. Los latidos del reloj,
siguen sonando en el salón.
Grita, escupe. Silba, canta…en la mente está la esquirla que
fermenta la estampa.
Fuerza interna y externa,
lo deseo. Descubre fuera un mundo
nuevo.
Descansa. Levanta, anda…que para la bendición falta:
-“Apenitas ná”.
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